sábado, 1 de agosto de 2015

CONCURSO MICRORELATO

Concurso micro-relato

¡Que de tiempo superviventes! Tras unas largas vacaciones he decidido volver con una pequeña historia para el concurso de microrelatos fundado por @lector171
Consiste en un relato de amor (si, creo que me he pasado de extensión )y el mas votado será el ganador. La fecha limite es hasta el 6 de agosto. Espero que os guste mucho y gracias a @lector171 por esta oportunidad.


Andén:

   Le conocía de algo, pero su mente no lograba saber de que ¿Seria de la biblioteca? o de aquel día en el parque, la tarde que llovió… No sabia de que pero sus ojos no paraban de fijarse en Él. La sirena empezó a sonar conforme el chirriante sonido de las viejas puertas de entrada al tren se abrían. Ada entró en el como de costumbre pero esa vez no se fijo en no pisar el delgado hueco entre el anden y el vagón.

   Él seguía ahí, el, con su chaquetón gris oscuro, el, permanecía quieto entre dos simpáticas ancianas que no paraban de hablar mientras Ada revolvía uno de sus sueltos mechones entre sus fríos dedos.
   
   De repente recordó una playa, el bullicio de la gente parecía mezclarse con el insistente traqueteo del vagón mientras observaba el mar sonriendo. Estaba sentada en una toalla color marrón mientras una mano fuerte masajeaba su espalda. Él miraba hacia el exterior iluminando sus ojos azules mientras las altas torres de las fábricas pasaban fugazmente. Ada notaba su nerviosismo a pesar de estar metida en su peculiar recuerdo, le miraba, pero Él a ella no, sus cortas uñas golpeaban la barra metálica a la que estaba agarrado cuando el tren paró con un golpe seco, anunciando la segunda parada de la línea.
 ¿Thomas? ¿Samuel? O quizás era Ethan… La mente de Ada no paraba de dar vueltas a ese rostro que permanecía a escasos metros suya conforme la gente iba entrando.
  
  -¿Perdone esta libre?- preguntó con tono seco un hombre mayor, a lo que Ada solo respondió con un leve gesto afirmativo, retirando su vieja mochila del asiento contiguo, giró la cabeza y volvió a encerrarse en su mente.
    
   -Pronto se hará de noche, tengo que llevarte a casa- respondió Él con voz ronca y suave, no lo sabía del todo, pero esa voz le gustaba, mientras el mar se oscurecía
   
   -¿Dónde vas preciosa?-preguntó el anciano intentando devolver la mente de Ada al maltrecho vagón del tren- yo me dirijo al norte, es el cumpleaños de mi nieto ¿y tu?-volvió a preguntar a lo que Ada solo respondió sonriendo y volviéndose a girar hacia Él.
  
   El trayecto continuó hasta la tercera parada donde el tren empezó a vaciarse de gente, el señor mayor se despidió con un gesto amable colocándose al bufanda debido al frío fuera mientras los demás ocupantes del vagón se empujaban e intentaban coger el mejor sitio, entonces Él se sentó enfrente de Ada.
  
   Un corto mechón de pelo negro caía por su frente mientras pasaba las páginas del periódico que llevaba, sus fuertes manos parecían rasgar el papel con nerviosismo, lo que Ada interpreto un gesto muy gracioso, pero sobre todo se fijo en sus dedos y en el anillo que uno de ellos portaba.
  
   Ahora Ada se encontraba en un porche, no muy lejos de ser un porche de una casa muy grande, llevaba un vestido muy bonito y a su lado permanecía Él, sonriendo mientras le agarraba la mano.
  
   -Ha sido un placer conocer por fin a tus padres-pronunció Él situándose enfrente de ella- por lo que ya puedo claramente pedírtelo.
   
   Él se arrodillo frente a ella y saco una bonita caja, dentro, estaba el anillo
   
  -Próxima parada St Dermont, próxima parada St Dermont-dijo la voz de megafonía asustando a Ada que giró su mirada hacia la ventanilla. ¿Se habría dado cuenta que le estaba mirando tan fijamente? ¿Porque no se acercaba y le preguntaba si él era, Él? No era tan fácil como lo pintaban en esas películas que tanto le gustaba ver, cuando tenia televisión y techo, cuando su vida era mas, fácil.
   
  En las siguientes paradas, Ada permaneció quieta y mirando al suelo, Él seguía allí, pero ella no, Ada ya había pasado por una elegante boda, una visita al hospital de madrugada mientras Él le agarraba la mano y una fiesta de cumpleaños llena de niños, pero el trayecto se acababa y aun no sabia quien era Él. El tren fue aminorando la marcha hasta llegar a casi pararse, Ada levantó la vista y vio que Él empezaba a doblar el periódico y a abrocharse el chaquetón
   
   -No espera aun no te puedes ir-pensó Ada mirándole triste y agarrando su destartalada mochila, pero solo tosió fuertemente, su mano empezó a temblar
   
  -St Dermont, correspondencia con la línea oeste- dijo la voz de la megafonía cuando el tren paró
   
 -¿Me querrás siempre?-dijo Él en otro recuerdo en la mente de Ada mientras ella observaba como se levantaba del asiento- Yo nunca te dejare- ya se encontraba en la puerta

   La garganta de Ada intentaba de todos modos pronunciar un sonido, un grito ahogado pero Él no la escuchaba, agarró la barra que tenia a la derecha con su fría mano e intentó caminar hacia Él, ahogada y dolorida
   
   Él salió y Ada tropezó bruscamente con el hueco entre el vagón y el andén cayendo de bruces y tirando su mochila
   
   -¿Estas bien?- escuchó Ada mientras su boca intentaba emitir algún sonido, movía los labios tontamente y empezó a gimotear, por mas que lo quisiese, sabia que nunca podría comunicarse con el por medio de palabras
   
Una mano levantó su mentón y los ojos azules de Él se encontraron con los suyos, su mirada parecía de asombro y alegría mientras el tren anunciaba su salida. Ada señaló su garganta tímidamente, Él lo entendió sonriendo, la ayudó a levantarse y recogió su mochila.
    
   -E… esto es tuyo-dijo Él titubeando sin parar de mirarla a lo que ella sonrió en gesto de agradecimiento y agachó la cabeza cabizbaja y tiritando.

   Ya sabía como acababa esto, ya sabia de que le conocía y, como no, sabía que Él no era para ella
  
   -¿Perdona? Siento ser pesado pero… desde que entre en el tren e querido preguntártelo  ¿Te conozco?-preguntó Él sin dejar de mirarla deseando que fuese ella, la protagonista de su tarde en la playa, la portadora de su anillo de compromiso, la chica de sus recuerdos, a lo que Ada solo respondió con lo que podía, su mirada cristalina, como bañada por el sol de aquella playa, recuerdo que parecía ser, los dos compartían.
   
   Y su mano, sus ojos y su recuerdo siguieron allí, sujetándola, atraiéndola hacia una vida que ella pensaba ya pérdida, una vida que no solo habían empezado a imaginar sino que poco a poco, empezaba a hacerse realidad, entonces, el tren marchó y nadie quedo en el frío andén de St Dermont.